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VICTORIA MACARTE

VICTORIA MACARTE es el nombre detrás de las palabras de We love Women. Originalmente del ámbito de la danza, Victoria es una artista que se escapa de la clasificación, definiéndose por una estética más que una disciplina, su trabajo expandiendo a través de colaboraciones en música, performance, voz, video, cine y escritura.

“Es curioso, mi carta astral decía que pasaría de la danza a la escritura. Siempre he apoyado mi trabajo artístico con la traducción, por lo que escribir parecía una progresión natural, pero realmente fue Rosa quien me animó a dar ese salto. Habíamos colaborado en el vestuario para mi proyecto de performance PINK NOISE donde rodaba por los suelos de una feria de arte contemporáneo en sus tutús de tul gigantes que teñimos de rosa en agua salada del mar. De ahí me invitó a escribir para este proyecto, del cual estoy completamente enamorada. Me quedo maravillada cada vez que entrevisto a todas estas mujeres fascinantes, sumergiéndome en su universo por un instante para mirar el mundo por el prisma de su perspectiva. Intento hacer preguntas simples que dan respuestas profundas. Entonces, para este artículo, he tratado de hacerme las mismas preguntas, sobre la naturaleza, la belleza, de dónde soy, dónde estoy y adónde voy... Y comencé en casa.

Victoria lleva vestido Tucan

Aunque ahora estoy afincada en Cadaqués, el extremo oriente de la Península Ibérica, un pequeño paraíso en el Mediterráneo, originalmente soy de Cumbria, en la frontera entre Inglaterra y Escocia, el extremo norte del Imperio Romano, el umbral de la prehistoria celta donde hay más ovejas que personas. En la escuela generalmente nos enseñaron que la antigua Gran Bretaña era una “tierra de salvajes, que vivían vidas degradadas en cuevas o chozas básicas, hasta que llegaron los romanos y los civilizaron, y la marcha del progreso ha continuado desde entonces.” Pero en realidad creo que es donde la humanidad empezó a equivocarse y el pensamiento colonial y patriarcal se instaló, y si profundizamos en el antiguo pasado prehistórico de Gran Bretaña, viajando más allá del pensamiento lineal de la “civilización” romana y sus caminos y muros rectos, las cosas se ponen sinuosas, circulares e incluso espirales.

Como Lucian el personaje principal de uno de mis libros favoritos La colina de los sueños de Arthur Machen, me encanta “meditar sobre un país despoblado, la Britania abandonada por las legiones, las raras calzadas hendidas por los hielos, la magia celta, viva aún en los montes inexplorados y en las negras profundidades del bosque, los mármoles rosáceos manchados por las lluvias y las murallas más grises cada vez.”

Vestido Arzana verde

En este viaje de magia y misterio por la piedra y la vegetación, volví a visitar algunos de mis lugares favoritos: desde el árbol tocado por un rayo en el jardín de mis padres (un árbol que inspiró mi primer solo de danza profesional en el Place de Londres cuando tenía 19 años), a los círculos de las cosechas alrededor de la aldea construida sobre una fortaleza románica, los bosques cercanos con sus árboles centenarios y cuevas, al mirador más alto de la muralla de Adriano, o hasta el monolito y círculo de piedra llamado Long Meg and her daughters (Meg alta y sus hijas) para descubrir “las misteriosas corrientes terrestres que estremecen la arcilla de la que están hechos nuestros cuerpos ”, como dijo Rudyard Kipling.

Cuenta la leyenda local que Long Meg era una bruja blanca que practicaba una danza ritual con su aquelarre de jóvenes aprendices de brujas, cuando un sacerdote mago las sorprendió, y las convirtió a todas en piedra como castigo. Y ahí están hasta el día de hoy, vibrando con su energía telúrica femenina. Así que llevé una selección de prendas de la colección de Cortana y las coloqué sobre las piedras para cargarlas de esta electricidad ancestral. Y me las puse para bailar.

El significado y el propósito original de los círculos de piedra es un misterio envuelto en leyendas: se dice que pueden dar descargas eléctricas al tacto, los caballos y los animales no pasan por el medio, no se pueden contar las piedras dos veces y obtener el mismo número, están conectados a otros monumentos a través de líneas de corriente recorriendo la tierra para formar caminos para las hadas. Me encanta la importancia que se le da a la magia de las hadas en el mundo celta. Son muy poderosas. Creo que, como cultura, personificar el mundo natural y encarnarlo con espiritualidad de esta manera, fomenta un mayor respeto por la naturaleza en las generaciones futuras. Una cosa que ha surgido de la pandemia es que finalmente nos damos cuenta de que la conexión con la naturaleza es una necesidad básica para el espíritu humano y no debe de ser un privilegio.

Arriba, caftán Gaia

En una tierra que, anterior a la agricultura masiva, habría estado cubierta por un manto de árboles, cuyas raíces formaban una red de inteligencia subterránea, los círculos de piedra son el primer intento de la humanidad de separarse de la naturaleza; antes las cascada, o las montaña eran los templos de culto, antes de la necesidad de construir una estructura arquitectónica, separada del paisaje para verse reflejado. Lo mismo se puede decir del fuego, la música, la danza, la ropa, el arte, el lenguaje; los primeros intentos de los humanos de separarse de los animales. Sofisticar el ritual. Pero sigue siendo todo ritual.

Mi performance musical de FOLKCORE intenta capturar esta esencia ancestral que yace debajo el paisaje bucólico y fracturado. Es una colección de canciones folclóricas británicas que funcionan como una serie de hechizos modernos, catalizados con música electrónica como una tormenta en el horizonte, pulsando ritmos de un minimal dub megalítico, como el corazón carbonizado de una nación postindustrial. Se cantan a través de un vocoder distorsionando una voz de hada, tratando de reconciliar la belleza y el horror del mundo por una elipsis en el tiempo.

Estas canciones folclóricas me las enseñó mi padre, que toca en una banda folclórica, y siempre ponía música en casa (uno de mis primeros recuerdos es cómo, rebotaba su diapasón en mi cabeza para afinar sus varios instrumentos medievales) pero cuando era adolescente las descartaba como “música de puretas”. Fue más tarde cuando me independicé que empecé a apreciarlos y me obsesioné con escuchar a Sandy Denny, Anne Briggs, Shirley Collins… (¡hay que recordar que las bases del folk y la música electrónica son femeninas!). Luego dejé de escucharlas y comencé a cantarlas y tocarlas y ahora siento que se han convertido en mis canciones. Pero supongo que eso está completamente de acuerdo con la tradición oral cancionera de la música folclórica. La música es una de las cosas más hermosas que podemos transmitir a nuestros hijos.

La maternidad me ha abierto los ojos a muchas cosas, principalmente a lo desequilibrada que está la estructura de nuestra sociedad todavía, pero también a la magia de redescubrir el mundo a través de la lente de la honestidad y el asombro. Mi pareja y yo vivimos un estilo de vida bastante nómada entonces mi cuerpo es su hogar. Aunque son pequeños intento incluir a mis hijos en todo lo que hago hasta que acaban siendo parte de mi proceso creativo. “¡Abraza el caos!” es mi lema de crianza. Incluso a veces mi hija sube al escenario ... nuestra banda se llama Shadow Puppets. También juego con el nombre ELFA para mis proyectos musicales. Fue un apodo que me dieron un grupo de amigos en Barcelona, pero también significa Electronic Lullabies for Alexia.

Arriba, top Pune en seda y falda larga Pushkar

Futuros proyectos incluyen unas grabaciones con la discográfica de mi hermano Golden Ratio Frequencies y una colaboración en video con la artista Laura Martinova para una canción de dream-hop espiritual que escribí llamada Evergreen. Se inspiró en la última conversación que tuve con un gran amigo y leyenda local Dennis Myers sobre el inicio del invierno (conversación típica británica sobre el clima) y cómo el frío no importa cuando tu jardín y el follaje a su alrededor son de hojas perennes. Esto fue irónico porque, como británicos, tenemos una imagen más nórdica del árbol de hoja perenne; vienen a la mente abetos, pinos y tejos, pero los cactus y los olivos también son evergreen. Y supongo que también es una metáfora del tiempo circular y el amor eterno.”

 

Fotos @jimmygimferrer 

Textos Victoria Macarte